miércoles, marzo 10, 2010

Dolor

Dolor.


Nido de orugas en las ramas del tiempo.
Tus palabras, maduras como un grito, penden del aire tenso.
A tus pies, sin ruido, se ha desgajado el frío y de tu voz chilena
caen como plumas las palabras.Silencio.
Tu poema trepando por el tiempo.

Dolor y esperanza son como el mar,
que espera todas las tardes:va y vuelve;
va y ... vuelve;
cara o cruz, águila o sol.
La alegría muere en todos los ocasos
y revive en todas las auroras.
Ayer tenías los dedos arrugados de lágrimas...


Poeta Silvia Ester Cubillos Ulloa



Un lugar para la creatividad y el estudio

viernes, enero 08, 2010

sábado, octubre 17, 2009

Alfonso Larrahona Kasten, un Poeta universal


Fuimos con Rosy a su casa en Playa ancha, por la mañana del pasado domingo y en atrevida visita no anunciada. Pero el motivo era sólido y lo justificaba: quería encontrarme con la reciente antología que produjo y editó Alfonso Larrahona Kasten, "El Amor en el Bicentenario".

Lo sorprendimos relajado, de pijama y bata, elevado en su barba cana y sus recuerdos claros, leyendas vivas de la poesía porteña y sus entretelones sabrosos.

En una conversación que nos permitió disfrutar de la calidez humana de este poeta universal que es Alfonso, pudimos identificar los instantes en que la vida dio esas puntadas mágicas que unen personas, historias y destinos. El momento en que maestros como Alfonso tocan y dejan huella indeleble en el alma de las personas, una capacidad que se evidencia en los miles de ex-alumnos, hoy abuelos, que portan esos registros y reconocen al profesor, al guía, que supo en algún momento breve e intenso, plasmar un mensaje, una convicción, en el caso de Alfonso, un espacio para dejar fluir en poesía la belleza interior de sus alumnos.

Alfonso, profesor normalista, el año 1959 iniciaba sus actividades en Valparaíso, en el fomento de la poesía infantil, fue despedido de la Universidad de Chile, antiguo Pedagógico y hoy UPLACED, en 1976. Después pasó a hacer clases en el Liceo La Igualdad, en calle Simpson, al costado de la entrada al Ascensor Polanco. Es decir, fue parte del paisaje de Valparaíso por 50 años y va grabado a fuego en el corazón de todos quienes alguna vez fueron sus alumnos.

En los años cincuenta la historia que contaba Alfonso, tocó de manera sensible mi vida. El año 1959, un hasta ese entonces inseparable amigo de Alfonso, Sergio Escobar, a quien logró hacer venir desde El Melón a Valparaíso, entró a trabajar en la Escuela Manuel Rodríguez, del Cerro Polanco. En esa Escuela de cerro, con alumnos de origen obrero, yo estudiaba la primaria.

Allí, siguiendo el ejemplo de su amigo Alfonso, Sergio Escobar abrió su primer Taller Literario infantil, que culminó en 1960 con la publicación del libro "Ventanario, Cristal y Luz del Niño". En ese libro yo fui uno de los coautores y aún recuerdo su portada verde, con nuestras fotos en la contratapa. Entonces yo tenía 10 años. Ese registro me marcó y la vida se enrieló por él para ser el escritor y poeta que he llegado a ser. Alfonso Larrahona nos refirió detalles de estos episodios, donde ellos fueron efectivos agentes de cambio, sembrando semillas que, dios mediante, germinarían.


Los detalles de la historia dan para una crónica de época. Alfonso nos la comentó mientras desayunábamos. Eramos dos matrimonios, dos poetas y sus musas. Lo simpático es que Alfonso, en la Escuela Barros Luco, replicando su trabajo para hacer fluir poesía de las almas infantiles, tuvo como alumna a Rosa Ramírez, en los años sesenta , y ese domingo, allí estábamos, hilvanados en una crónica llena de pasión, metáforas y sueños, reflejando lo que es Valparaíso, un mosaico en el cual nos reconocemos, un paisaje que tras sus diferentes capas de pintura, siempre permite encontrar el instante justo en que se cruzaron nuestras existencias y se potenciaron sinergias insospechadas.

Alfonso Larrahona es un poeta clásico, escribe sonetos, respetuoso de las reglas de la métrica. Es un poeta fresco, cálido, que llega a los jóvenes. Y nos comentaba de esa ocasión en que compartió palestra con un joven poeta que ante una gran audiencia de la Universidad de Playa Ancha, leyó sus escritos, con un lenguaje directo, exiguo en sinonimia e imágenes, con limitantes propias de una realidad demasiado inmediatista en el lenguaje. Cuando le tocó el turno a Alfonso, él partió con humildad disculpándose, pues su poesía se enmarcaba en las líneas más puras del soneto y comenzó a leerlos casi con timidez. Sin embargo, la musicalidad y belleza de su poesía caló hondo en la audiencia de jóvenes que aplaudieron fascinados por la riqueza de lenguaje, de ritmo y profundidad axiológica de la poesía de Alfonso Larrahona Kasten.
Así se ve a sí mismo Alfonso Larrahona Kasten ( INESPERADAS MUERTES, 1977)


AUTORRETRATO


Esto que ha de caer por la ladera,
como un capullo azul que el viento arroja,
cercena mi reír, mi luz cerroja
y enmohece encantado mi quimera.

Esto que resta aún, como bandera,
muestra de lo que fui: pálida hoja,
vestimenta de brizna y de congoja
que mantiene mi sombra volandera.

Yo me persigo aún buscado el vado.
Esperanzado voy y olvido el vuelo.
Ay, cómo huyendo va dichoso el cielo

para infligirme llanto conturbado.
Estoy, como el silencio, tan llagado
que ya es igual mi canto y mi desvelo.

Alfonso es un mástil al viento de Playa Ancha, oteando la vida, compilando poesía, editando con generosidad la palabra, yendo al rescate de la belleza. Difundiendo la poesía que a borbotones fluye por las empinadas laderas de Chile.

Por este momento de grata conversación, le damos gracias por todo lo que ha hecho por la poesía y quedamos atentos a todo lo que tiene aún por entregarnos, con esos brazos generosos donde lleva en ristre un soneto de eternidad.


_________________
Valparaíso, 17 de Octubre de 2009.

Un lugar para la creatividad y el estudio